El diseño gráfico no es un fin.


El Constructivismo ruso se sirvió del diseño gráfico para alcanzar un objetivo social:  el bien común. Ese fue su propósito. Constituir un vehículo de comunicación para promover las ideas socializadoras que la Revolución Rusa instauró. La canalización de esa gráfica con mensajes reivindicativos supuso una ruptura con el artista clásico, y con el mensaje que transmitía una obra dirigida solo a las minorías. La particular estética de estos diseños, sobrios y elocuentes, traspasaron las fronteras con la particularidad de ser auténticas obras rompedoras. Llegaban a todo el mundo con su componente social transgresor. Pero, en esencia, el protagonismo del grafismo tenía una justificación. El diseñador estaba muy involucrado con la pieza y el mensaje. En definitiva, los diseños perseguían un fin, ya que sus autores formaban una causa común. Un proyecto divulgativo y socializador que concienciaba a las masas dentro de la URSS, para luego exportar el patrón al resto del mundo.

¿Pero qué es lo que sucede hoy? En esta particular sociedad,  los fines sociales ocupan una parcela determinada en las conciencias. El diseñador gráfico que puede canalizar su trabajo hacia una causa de este tipo, ser partícipe de ella, y poder vivir de la misma, puede asumirlo e identificarse con el modelo constructivista. Pero este movimiento ya es pasado. En líneas generales, los profesionales tienen que aceptar numerosos trabajos en los que no necesariamente tienen por qué creer en el producto para el cual trabajan y, en muchos casos, ni siquiera lo comprarían. Por eso el diseño gráfico es un medio relegado a un servicio concreto. Forma parte de un  proceso comunicador y no supone un fin por sí mismo.

En una revista alemana , con un apartado traducido al español, leí una cabecera que daba título a  un artículo sobre nuevos diseñadores gráficos. Decía: “Arte comercial publicitario”.  Debo entender que es una traducción literal, muy ambigua,  porque esta clasificación artística no la comprendo. Como tampoco entendí  en su día la antigua formación que daba acceso al  título de “dibujante publicitario”. La asimilé como la de un colectivo que ha de realizar su trabajo encorsetado dentro de una particular forma de entender la comunicación, la que se tenía por entonces. Es decir, de espaldas a los estudios de motivaciones y otras materias y disciplinas. Aquellas que tendrían que convivir  con ilustradores, diseñadores gráficos y el resto de  comunicadores a lo largo de su vida profesional. Algo que hoy sí se asume con mayor rigor.

Fuente: El Lissitzky, “Beat the Whites with the Red Wedge!” poster, Constructivism

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