Titulares para evitar la cárcel


Al finalizar la Guerra Civil Española, y una vez que los vencedores entraron en  Madrid , las persecuciones a  todo aquel que no comulgara  con el nuevo régimen eran  habituales. Tu salvoconducto era  la recomendación de algún sacerdote  o de gente de bien. Y por gente de bien se entendía aquella que no era de izquierda.  Era curioso como la identificación de la nueva España llegaba a todos los estamentos de la nueva sociedad. Todos querían identificarse con el proyecto del general Franco y estar lo más próximo a él. Y en los anuncios se notaba: “Almacenes SEPU saluda con entusiasmo a la España que renace”. “El jabón CAOBO es un jabón español”. Estos eran algunos de los titulares que florecían en las mentes de quienes por entonces entendían que cualquier producto que quisiera emerger en aquella incipiente sociedad caracterizada por el hambre, la miseria y el estraperlo debía estar asociada a la España en la que empezaba a amanecer.

Después de la Segunda Guerra Mundial, con el babyboom se alcanzó un óptimo nivel de vida en los Estados Unidos. Permitió subir el status de los ciudadanos americanos y, a su vez, el acceso a infinidad de productos como los electrodomésticos que, gracias a los mensajes publicitarios, se vendían fácilmente. Pero en España, años antes de que este fenómeno se produjera, el hambre era lo habitual. Hasta los años sesenta no se empezó a levantar cabeza en este país. Por lo tanto ignorando palabras como marketing, branding, marketing online o networking, anglicismos con los que ahora estamos familiarizados los que trabajamos en este sector, el ingenio, la creatividad y el sentido común  siempre estuvo por encima de todo a la hora de dar a conocer tu producto. Hoy muchos siguen teniendo la idea preconcebida de que usar una corbata es ser “más respetable”. Y en 1939 llevar sombrero era ser “gente de bien”. Los obreros no lo hacían y eso les hacía ser sospechosos y, por tanto,  candidatos a la detención. Una sombrerería ubicada en la Calle Montera de Madrid puso un anuncio que decía: “Los rojos no usaban sombrero”. ¿Y qué sucedió? Pues que ante el temor de ser denunciado o detenido o, simplemente por miedo, no se quería caer en el arresto. Terminabas comprando un sombrero y aparentabas la respetabilidad que la autoridad esperaba de los ciudadanos. Y a la sombrerería le fue muy bien.

Fuentes: Historia de España contemporánea. Javier Paredes. Ariel.

Bocadillos de delfín. Anuncios y vida cotidiana en la España de la postguerra. Jesús Marchamalo. Grijalbo

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4 responses to this post.

  1. Posted by MONICA JARQUE BONDI on junio 27, 2012 at 11:33 am

    Sinceramente Esteban, tengo a veces la sensación de que este país en el fondo ha evolucionado muy poco, en relación a consideraciones tan superficiales como las que comentas en tu genial artículo, tan interesante e insólito.
    Me refiero al hecho de considerar que cualquier político es considerado importante y respetable de entrada, antes de ni siquiera percatarnos acerca de su vestimenta, pero si lleva corbata y traje como la mayoría, podríamos dar por sentado que es importante; nada ha cambiado tanto, en el franquismo estaba este asunto de la identificación de las clases sociales directamente por el modo de aparecer ante la sociedad, y ahora no estamos mucho mejor. Vuelve a ser imposible para muchos el simple hecho de pagar las tasas universitarias, aunque esos padres sean ejecutivos y hayan de figurar con vestimenta de gente bien en sus trabajos, porque ni siquiera saben hasta cuándo conservarán el puesto, o el caso de cualquier obrero de la construcción manchado hasta las cejas en la obra, pero llegando a su casa con un BMW último modelo, como ha ocurrido en España durante tantos años de subidón económico, antes de estallar la dichosa burbuja inmobiliaria… este país es de locos ahora, y artículos de la España franquista tan sumamente restrictiva en tantas cosas, nos hacen comparar el momento al que hemos llegado, y en el que no se respira tanta modernidad como parecía que lograríamos… esto es todo pura ficción, y ahora, al despertar, comprobamos que era un sueño, pero toca vivir la realidad, dura, demoledora y desconcertante, independientemente de si llevemos ó no sombrero, y de si nos sentimos más ó menos comunistas… ahora mismo, lo insólito, es lo que tenemos!

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    • Sí, la verdad es que el post es una metáfora. Como bien expones, solo hay que comparar su contenido con las particulares vivencias de cada uno y, efectivamente, seguro que encontramos similitudes. Esta sociedad es un cúmulo de apariencias. Es algo que no va a cambiar. En su momento fue el sombrero para sobrevivir, después las marcas equis para alcanzar el status deseado y el nivel de vida que queremos. . Más tarde lo que sea para ser aceptados por un entorno concreto. ¿Tanto sentido tiene vivir y aparentar para los demás?

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  2. Cuando hablamos de España en la postguerra , hablamos de miseria , hambre y dolor, creo que todos o casi todos hemos tenido familia relacionada en esa parte de la historia tan desoladora , quienes único no la vivieron, fueron esos señores de sombrero los cuales tu nombras , los obreros sí usaban sombrero , pero no eran tan finos como los de los señores acaudalados , ellos los hacían de palma para cubrirse del sol mientras trabajaban y los explotaban para luego no tener que comer , en los sesenta la publicidad estaba, pero no todos teníamos acceso a ella, muchos veíamos la tele en casa de algún vecino con una economía más holgada que la había comprado, entonces podíamos ver esa publicidad de la que hablas. En éste momento actual, es verdad que son las corbatas , pero una corbata tampoco dice nada , ni un coche de gama alta ….. aquí ahora los que mandan son los que lo tienen todo, el poder y el bienestar, el futuro es muy incierto y para qué aparentar ¿ vale la pena? Muy interesante lo de la publicidad de la sombrerería de la calle Madrid , la verdad, que utilizó a los rojos para llenar sus arcas , en ésta sociedad todo vale. para hacer publicidad y vender.

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    • La sombrerería, de forma oportuna, recurrió al ingenio. Aprovechó la situación política de la nueva etapa social del país para vender. Es la realidad que caracterizó a la sociedad de entonces: la supervivencia.

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