Un slogan contundente: “¡Que se jodan!”

Todos estamos familiarizados con algún slogan: “La chispa de la vida” de Coca Cola, el emblemático de los electrodomésticos Philips de los años sesenta: “Mejores no hay” o el  “Yes we can” de la campaña de Obama. La expresión proviene  del  grito de guerra que utilizaban los clanes escoceses para identificarse y motivarse antes de luchar. Comercialmente es una síntesis. El resumen en tres o cuatro palabras de una filosofía. La forma de pensar de una marca, producto o servicio para proyectarla hacia su público objetivo. Hacer que un concepto comercial cale en los ciudadanos lleva tiempo y una considerable inversión económica. Muchas marcas consiguen hacerse un hueco en el mercado y otras no, a pesar del despliegue comunicativo llevado a cabo  año tras otro.

El “¡Que se jodan!” de la diputada Fabra del Partido Popular, dirigida a los desempleados, es un buen slogan. Refleja el sentir colectivo de aquellos que, al igual que ella, piensan que están por encima de los demás. Pero Fabra lo exteriorizó. ¡Bravo por su valentía! Ha tenido una gran difusión mediática y la repercusión social en España ha sido sorprendente. ¿Qué más se puede pedir? Todo un éxito del caciquismo político en una sola acción publicitaria: abrir la boca en el momento justo y en el lugar adecuado. Lo malo de esta iniciativa individual es que  avergüenza a la gente de bien, sea del color político que sea. Hay quienes se sienten orgullosos de ser españoles por lo éxitos deportivos de la Selección Nacional. Y yo me avergüenzo de ser español por tener una selección de cachanchanes * que están llevando a este país a la quiebra y no me representarán nunca por mucho escaño que ocupen. Lo de Fabra es una vejación a todos los ciudadanos decentes de este país, estén o no en el paro.

Señor Rajoy, permítame un consejo. En la puerta del Congreso de los Diputados coloque este cartel: “Se reserva el derecho de admisión”, para que  entre solamente  quien  sepa guardar la compostura. ¡Y aprenda usted de las lecciones que da la Historia, hombre! Sobre todo de las clases magistrales impartidas por  Don Miguel de Unamuno. Le recomiendo la de  los improperios vertidos por Millán Astray en la Universidad de Salamanca el doce de octubre de 1936, cuando el rector lo frenó en seco diciéndole: “En este sacrosanto templo del saber no se pueden proferir tales palabras”. Siga el ejemplo y vaya más lejos, señor presidente. Haga que sus diputados vivan al menos un mes con el subsidio de desempleo. Seguro que a muchos, con el nivel de vida que llevan, solo les daría para un almuerzo. Y luego, como políticos que son, reconozcan que es verdad lo que dijo en su día Winston Churchill: “España es un buen pueblo pero con malos gobernantes”.

(*) Personas despreciables, ligeras y enredadoras, según el Diccionario Ejemplificado de Canarismos  del Instituto de Estudios Canarios.

 

Fuente: alertadigital.com/2012/07/13/andrea-fabra

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2 responses to this post.

  1. Posted by MONICA JARQUE BONDI on julio 30, 2012 at 7:52 am

    No puede haber causado más desazón en mí, personalmente, el comentario realizado por una mujer que se cree con el derecho de ser omnipotente; en el mismo instante en que su presencia ya la hacía de por sí omnipresente, ella decidió cruzar la línea, en ese justo instante de su intervención ante millones de personas que la escuchaban en la sala y fuera de ella, en sus modestos hogares, millones de personas decentes que un día depositaron su voto en las urnas, un fatídico modo de empobrecer no solamente el bolsillo de todos y cada uno de los españoles, sino mucho más que eso, de llegar a empobrecer algo con lo que no se trafica, algo como la esperanza, los sueños, y asistir a un espectáculo tan grotesco como el que esta diputada dio, no tiene nombre; yo insto a los españoles a no despreciarse en público, yo insto a todo el pueblo desde aquí a tener la cabeza muy alta; a mí personalmente, nadie me desmoralizará jamás; no lo han conseguido las leyes, ni los juzgados, ni los estúpidos abogados que en ocasiones han pretendido defender mis intereses debilitando todavía más si cabe mi situación personal, ni mucho menos una persona delante de un micrófono en un alarde de prepotencia tan sublime como impresentable, un alarde de desconocimiento del auténtico problema no ya social sino humano que azota a un país que solamente ha seguido las reglas que sus políticos han establecido; las reglas del juego, el juego de gobierno al que solamente unos cuantos indecentes y diría incluso delincuentes, están llamados a jugar, en perjuicio de millones de españoles que simplemente conservan algo que todavía en su diccionario existe, algo que trata de la decencia, del honor, de la honestidad y del orgullo, algo que no se pisa jamás, algo que no se cede, algo que se hereda en un código genético que incluye la lealtad a uno mismo, antes de nada, y algo que me hace sentirme libre aún en medio de esta caza de brujas que no incluye a la Sra. Fabra, se salva por no vivir en la Edad Media, porque de ser así, muy Sra. mía, usted estaría condenada a la hoguera por blasfemia!

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    • Prácticamente, estoy de acuerdo con todo lo que dices, Mónica. Agradecerte tu comentario y compartir contigo mi indignación. Al escuchar declaraciones como ésta retrocedemos en el tiempo. Son comentarios más propios de terratenientes o señores feudales.

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