Pelikan, el patrimonio que perdimos los canarios

 

A lo largo de diferentes décadas la Historia  de la Comunicación Social ha actuado como notario recopilando hechos y sucesos que, plasmados a través de mensajes publicitarios, han sido testigos de la vida social, económica y política de la sociedad. Es decir, son testimonios culturales que definen y caracterizan  las particulares vivencias de las diferentes comunidades. Por citar un ejemplo, el famoso cartel de “Rosie, la remachadora”, años después de finalizada la II Guerra Mundial , viene a recordarnos la importancia que tuvo el trabajo de la mujer en las fábricas americanas, llevando a cabo tareas propias de los hombres con la misma entrega y coraje. O los carteles de brandy Soberano de González Byass: “Es cosa de hombres”. Te lleva a la  España machista de los años sesenta donde  la mujer era  adoctrinada por la Sección Femenina del Movimiento para ser el ama de casa y la esposa ideales.

Salvando las distancias del Toro de Osborne, el símbolo nacional,  el famoso anuncio de Nitrato de Chile, repartido por  muros, fachadas e invernaderos en las zonas rurales, es un digno testigo de nuestra historia contemporánea. Forma parte del patrimonio cultural de cada comunidad y nunca debe ser considerado vulgarmente como “propaganda”. Como un objeto sin valor alguno que a nadie le interesa. Me llamó enormemente la atención cuando tras la remodelación del edificio de Mango en la comercial calle El Castillo, en Santa Cruz de Tenerife, respetaron en su fachada el anuncio del reconstituyente Emulsión Scott,   realizado con azulejos, algo ajeno por completo a la actividad comercial del nuevo establecimiento. Si no hubiera existido conciencia se habría eliminado y a nadie le hubiese importado; pero, afortunadamente, no sucedió así y se conserva. Desde aquí felicito a quien tomó la acertada decisión.

Pero el caso verdaderamente triste es el de una  antigua librería  en la calle Imeldo Serís, muy cerca de Valentín Sanz, también en Santa Cruz de Tenerife. Siempre me llamó la atención porque era una casa de dos plantas y su fachada estaba cubierta por un gran anuncio de tintas Pelikan confeccionado sobre azulejos, igual que el de Nitrato de Chile. Una preciosa composición y una buena ejecución cromática con todas las piezas. Tanto me gustó que entré para hablar con la dependienta sobre la obra. La señora resultó ser la propietaria y lo sorprendente fue lo que me contó. Su intención era cerrar la librería tras la venta del edificio y, lógicamente, la cerámica de la fachada era de un interés cultural enorme. Su padre, artista, se preocupó de su instalación y conservación. Por lo cual entabló conversaciones con el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, para llegar a algún tipo de acuerdo acerca de su destino, antes de derribar la vivienda. Lo sorprendente es que el consistorio no puso mucho interés en el asunto. Y la propietaria  sorprendida, indignada y resignada por la indiferencia manifestada siguió con su trabajo.  Y un día, curiosamente, un funcionario catalán a quien también le llamó la atención entró y le dijo que compraba la cerámica. Este señor trabajaba en un organismo público en Barcelona y, consciente de la importancia de este legado cultural, no desaprovechó la oportunidad. Se la llevó a su tierra.

¿Por qué suceden estas cosas? ¿Por qué perdemos lo poco que tenemos?, me pregunto. Básicamente porque aquí no hay conciencia acerca del patrimonio.  Donde unos ven cultura otros  solo ven azulejos pintados. Como siempre alguien de fuera tiene que valorar lo que hay y luego se lo lleva. Total, una cerámica. ¿A quién le importa eso? Pues le importa a todos los que saben reconocer un legado cultural. Además de sol y playa aquí hay un trozo de historia que diferencia a esta sociedad de otras y nos hace únicos ante el mundo. Que William Shakespeare nombrara en una de sus obras el excelente vino ‘Canarias’ que provenía de esta tierra, ¿no le interesa a nadie? Ese es un legado cultural enorme. Un regalo universal del brillante escritor para las Islas Canarias. En Oporto las bodegas Sandeman disponen de un excelente espacio creativo en sus instalaciones. Pequeño pero muy interesante. Un legado cultural y social para conocer la evolución de la marca a lo largo de los años, en una ciudad conocida internacionalmente por sus vinos: etiquetas, botellas, carteles, documentos, etc. En definitiva, un reflejo de la sociedad portuguesa a través de la historia de esa marca . En Tenerife no tenemos ningún rincón que sea un referente para saber más de las islas y sus habitantes, a través del testimonio de las artes aplicadas y  la comunicación social. Un territorio con  influencia inglesa y portuguesa como éste ha tenido que generar mucha documentación. Solo con la tradición tabaquera deben existir miles de piezas interesantes.

Es muy comprensible que en Cataluña, la pionera de la ilustración publicitaria, el diseño textil y la máxima exponente de la arquitectura modernista; con un gran derroche e interés por las artes aplicadas y los oficios artísticos,  estén a años luz de nosotros. Tienen más iniciativa. Es lógico, ellos ven con nitidez. Aquí te lo impide la indiferencia.

Fuente: http://articulo.mercadolibre.com.ar/MLA-430613287-2-antiguos-frascos-de-tinta-pelikan-sin-abrir-_JM

 

 

 

 

 

 

 

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6 responses to this post.

  1. La herencia cultural de un pueblo es algo que deberíamos guardar y conservar como una de nuestras mayores posesiones porque nos lleva a entender y reafirmar la identidad de cada habitante; algo que se transmitirá de generación en generación convirtiéndose en un elemento de unión en un país y valor diferencial del mismo. Esta labor de conservación recae en todos y cada uno de nosotros, pero claro, si partimos desde la indiferencia, todo lo dicho anteriormente, no tiene ningún sentido. Habría que empezar por un gran trabajo de concienciación; desde luego, alguien debería de tomarse muy en serio esto.

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    • Gracias por intervenir, Maine. Es cierto. Dotar de identidad a un territorio, hacer que crezca y se proyecte social, económica y culturalmente al resto del mundo, es el auténtico legado que pueden recibir las futuras generaciones. Grande o pequeño, ese legado será suyo. Todos los pueblos tienen mucho en común pero particulares diferencias que les hacen singulares. Preservar todos y cada uno de esos aspectos, evidentemente, es un problema que está en la conciencia de cada uno. Y la indiferencia es un gran obstáculo para avanzar, porque prefieres ignorar antes que resolver; sobre todo aquellos que toman decisiones indebidas al amparo de sus cargos públicos. Decisiones que repercuten posteriormente para bien o para mal en la mayoría de los ciudadanos.

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  2. Esteban, me parece un artículo muy interesante el de la conservación de los pocos legados que nos quedan y parece que últimamente se preocupan un poco más por conservarlos , es cierto ! hace poco estuve por tu tierra y me paré a mirar la fachada de Mango porque lo que comentas, es cierto, dejaron la fachada lo más conservada posible y me encantó el cuadro de cerámica que se encuentra en el lateral de la tienda, es todo un arte lo que ha comentado Maine también es muy bueno referente al artículo.

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  3. Gracias, Eloisa. Conservar el patrimonio es esencial. Lo que no puede suceder es que se vaya desmembrando, salga de aquí y se termine perdiendo. Lo que describo es una parcela importante, pero me imagino que en otras áreas debe suceder lo mismo

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  4. Posted by MONICA JARQUE BONDI on septiembre 6, 2012 at 8:24 am

    Siento verdadera tristeza al observar que la identidad de un pueblo importa tan poco, en la mayoría de los casos debido a una especie de falta de interés, de dejadez, o vagancia por conservar lo que ya se tiene…
    Muchas de las joyas que se pierden, resultan incidir en ese modo tan particular de ser de unos pocos, y que para nada engloba a una mayoría de canarios… pero en mi opinión, cuesta creer que un pueblo esté tan poco concienciado de la importancia que dicho legado tiene, especialmente por la huella que deja para las posteriores generaciones.

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    • Gracias por tu participación, Mónica. La tristeza que mencionas creo que es la que sentimos todos cuando vemos cómo se pone de manifiesto esa dejadez. Nuestra riqueza cultural hay que conservarla. El problema radica en saber si quienes tienen el poder de decisión para proteger este legado lo consideran patrimonio o no.

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