Titulares y suplentes

Los titulares le conciernen a todos los comunicadores. Bien seas copy , director de arte o diseñador. De alguna forma están vinculados a ellos. El primero, por crearlos; los demás, por componerlos e integrarlos en la piezas y por personalizarlos con la tipografía idónea. Con los titulares pasa lo mismo que con los futbolistas. Son tan importantes que si uno no está a la altura se sustituye por el suplente. Un conocido político canario se caracterizó por ir a Madrid a reivindicar concesiones siempre con dos propuestas. Si rechazaban una, contaba siempre con la segunda, por si acaso. Presentar dos o más alternativas siempre ha sido propio de muchos profesionales de la comunicación.

El titular es una síntesis. Una  vía atractiva para acceder rápidamente al contenido de la información. Y en torno a él hay infinidad de bibliografía, normas y sugerencias. Todas para respetarlas y todas para saltárselas. Invito a quien lo desee a recorrer la sección de empresa de cualquier librería. Se dará cuenta rápidamente de la cantidad de titulares caracterizados por su sensacionalismo y poca credibilidad. Puede que los libros sean buenos, pero los reclamos desde luego que no. Mi titular favorito reúne todos los ingredientes en contra de las normas y, además, es muy chocante. Y ahí radica su encanto y originalidad. Es el título del libro de Jacques Séguéla, un publicitario francés:

“No le digas a mi madre que trabajo en una agencia de publicidad,

ella piensa que trabajo de pianista en un burdel”.

 Recorrí todas las librerías para ver si lo conseguía. No hubo forma. Cuando empezaba a decirle el título al dependiente: “No le digas a mi madre que trabajo en una agencia de publicidad…”  me interrumpía, interpretaba que acababa ahí y se retiraba al ordenador para localizarlo. Tenía que decirle: “¡Aún no he terminado!”. Me pasó en tres establecimientos. Todos se sorprendían de lo extenso que era. Deduzco, por tanto,  que los libreros no están familiarizados con titulares tan largos. Por otro lado, lo que dice el mensaje hará pensar a más de uno. Si es de la profesión se reirá. Si no lo es, le desconcertará. ¿En qué clase de empresa trabaja mi hijo, novia, marido o amiga? ¿Serán todos unos depravados con las modelos? ¿O habrá un nuevo término para definirnos?

 Solo  el titular despertó en mí la curiosidad por leer la obra. Es muy persuasivo. Me imagino un contenido crítico y contundente. Espero que no me defraude. Pero si no lo traducen, mi dominio del francés es nulo, por lo que tendré que esperar a que alguna editorial lo haga. Las cuatro palabras que sé de francés las escuché en un tema de Manu Chao. Mientras tanto, aguardaré pacientemente.

 

Origen de la imagen: http://www.ilas.com/

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2 responses to this post.

  1. Está comprobado que los títulos más efectivos son aquellos que enseñan algo, así que el lector inmediatamente sabrá que al final de su lectura obtendrá un aprendizaje en particular. Ésta es, en mi opinión, Esteban, la razón por la que el título del que nos hablas no pasa inadvertido. Es el tipo de título que induce al lector a leer, te intriga y quieres saber más. Me ha recordado los títulos de la trilogía de Stieg Larsson. “Los hombres que no aman a las mujeres” “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” y “La reina en el palacio de las corrientes de aire”, que, aun siendo diferentes, consiguen el mismo efecto en el lector.
    Un buen título determina, sin duda, si el lector decide seguir leyendo o no el artículo, libro, post… ya que cuando buscamos información, vamos dando golpes de vista y es necesario que nos encontremos con algo que nos haga detenernos unos instantes, algo que nos llame realmente la atención. En mi caso, “No le digas a mi madre que trabajo en publicidad…Ella cree que soy pianista en un burdel” lo ha conseguido. Como tu dices, es cierto que no cumple precisamente muchas de las normas que se supone debemos de respetar para escribir uno bueno; no obstante, en mi opinión resulta realmente provocador y sugerente, atrae… y no dudo de que destacaría entre los miles de libros con los que nos podemos encontrar en una librería. Intuyo que detrás de ese título se esconde algo que puede aportarme valor, porque está claro que entraremos de lleno en el mundo de la publicidad, sin tapujos, de una forma clara y directa y sobre todo con mucho sentido del humor y creatividad. A mi me han entrado unas ganas locas de leerlo. Muchas gracias Esteban.

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    • Gracias, Maine. Tienes razón. Los títulos que pones de ejemplo son una clara invitación para seducir al lector y que la persuasión dé paso a la compra. A mí. particularmente, “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” me parece áspero, corrosivo y fantástico. Aún retumba en mi cabeza y no es fácil de olvidar. Pero lo curioso de todo es comprobar cómo se pueden saltar las normas. En los noventa dos publicitarios americanos sugerían en un libro que los titulares no debían comenzar con un “No”, porque el mensaje perdía su positividad. A partir de ese momento un gran número de redactores lo incorporaban por no estar de acuerdo con ellos. Y, lo mejor de todo, es que su lectura no era nada negativa. A mí también me encantaría leer la obra de Séguéla. Seguro que hay mucho humor por medio.

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