Me fui a la cama con la mujer desnuda

 

El escritor italiano Edmundo de Amicis escribió un opúsculo que tituló El amor a los libros. Una breve y sencilla obra que recomiendo leer, porque pone de manifiesto el profundo interés que sintió por los libros. Reitero, los libros, no solo la lectura.

Un libro es un contenedor de emociones. Si tenemos suerte nos engancha desde la primera hasta la última página, y tenemos la necesidad imperiosa  de devorarlo rápidamente cuando nos seduce. La atracción, como decía Amicis, ya comienza en los estantes. Ordenados, contrastando con sus lomos. El color y la tipografía se alían para llamar la atención y captar nuestro interés. Quienes hayan leído a Ruíz Zafón recordarán el cementerio de los libros olvidados, y cómo algunas obras nos eligen y marcan nuestra personalidad, por no decir nuestra vida. “Solo lo esencial es invisible a los ojos”, me lo impregnó Saint Exupery cuando tenía once años y aún lo custodia alguna neurona en mi memoria para no olvidarme.

Los libros hablan.  Si eres ilustrador, diseñador o copy lo entenderás mejor. Las sensaciones afloran desde las portadas. La textura, el singular olor de las tintas. Y en el interior, a través del tacto,  el particular gramaje de las h
ojas inicia un diálogo con las yemas de los dedos para transmitirnos lo que los ojos no ven. Y cuando acabas de leerlo, te das cuenta de que se crea un vínculo. Y como si de una fragancia se tratara te impregna el espíritu. Por eso no me desprendo de ninguno de ellos. Vienen a formar parte de mí. Y si presto alguno y no me lo devuelven, pienso lo mismo que Robert Redford en Memorias de África: “Si presto un libro a un amigo y no me lo devuelve, yo pierdo un libro pero él pierde un amigo”.

Cuánta razón tenía Amicis: […] “Es un gran error creer que se aprende lo mismo en libros que son nuestros que en los que tomamos prestados. Un libro no da el provecho que debe proporcionar si no es nuestro […] El que no hace más que pasar por nuestra casa no deja rastro profundo”. […]

Cuando te llevas un libro a la cama es toda una aventura. La última experiencia fue muy interesante: La mujer desnuda, de Desmond Morris. Un recorrido histórico, exquisito y sutil por el cuerpo femenino. Todo un regalo para los sentidos.

 

Origen de la imagen: planetadelibros.com

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2 responses to this post.

  1. Enhorabuena una vez más por tu post Esteban; ha sido una delicia leerte; Hasta no hace mucho, yo también me acostaba con ellos; ahora han sido suplantados por un dispositivo frío, rígido y plano que, aunque sigue siendo un contenedor de emociones, difícilmente crea el vínculo del que hablas, ni te impregna el espíritu. Has hecho que me acuerde de ellos; volveré a buscar esa aventura y compraré uno (el libro que nos aconsejas es muy tentador), porque comparto la idea de Amicis de que “(…) El que no hace más que pasar por nuestra casa no deja rastro profundo”.

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    • Gracias, Maine. Estoy de acuerdo contigo. Los libros electrónicos son fríos, no tienen la magia que poseen los impresos. Es algo a lo que irremediablemente nos tendremos que acostumbrar. Con el paso del tiempo, además, serán objeto de colección. También lo menciona Amicis en su relato.

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