Archive for the ‘Profesionales’ Category

Algunos diseñadores viven del crimen

 

Edgar Allan Poe llegó a ser sospechoso de cometer algún crimen, porque  la descripción de los hechos en algunos de sus relatos recordaba un asesinato real. Era tan minucioso en los detalles que algunos textos sorprendieron a la policía. Y las coincidencias eran muy grandes.  La genialidad del escritor no se cuestionó pero su inocencia sí.

Fueron muchos los diseñadores que trataron el suspense y plasmaron el crimen en sus trabajos. Y Saul Bass fue el máximo exponente de la intriga y la muerte, principalmente en el cine. Asesinó con manchas de pincel y tuvo por cómplices una gráfica muy sencilla y la tipografía adecuada a cada situación. Integró con un gran dominio de la composición todos los elementos en sus carteles. Un grafista que captó, sintetizó y supo plasmar magistralmente la tensión como antesala de cada una de  las filmaciones.

Hace años, cuando comencé como dibujante novato en esta profesión (ahora se llama ilustrador), tuve la suerte de compartir conversaciones muy interesantes con un director creativo –de los buenos– con  el que aprendí mucho. Estuvo poco tiempo en la agencia, pero resultó ser un gran aporte de conocimientos. Viajaba con frecuencia de Centroamérica  a Estados Unidos. En una ocasión para dirigir una sesión fotográfica de lencería  en una mina de carbón. Un contraste muy sugerente el del  tejido blanco sobre el mineral. Me habló mucho de Saul Bass, de la simplicidad, la sencillez , el buen uso de la tipografía y el gran talento de este diseñador predilecto de Hitchcock. Me dio muchas  lecciones magistrales de composición y visualización que recuerdo gratamente.

Plasmar el crimen y vivir de él es toda una experiencia. Nunca hablamos de asesinar a más de un ejecutivo de cuentas cuando se ponían bordes, pero a veces hay miradas que matan. Y en alguna ocasión las vi en su rostro.

 

Origen de la imagen: icono14.net

Autor: Saul Bass

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Las portadas de Daniel Gil. Punto y aparte


En La Laguna, la ciudad donde crecí, siempre que tenía oportunidad me paraba en el escaparate de la librería El Águila. Me gustaban los libros de arte. Y lo hacía como costumbre, unos  cuantos años antes de que empezara a trabajar en una agencia de publicidad. Siempre esperaba encontrar alguna novedad interesante. Buscando esas obras en aquel reducido espacio entre estantes y cristal, siempre me llamaron la atención unas portadas enigmáticas. Auténticos imanes que ejercían un fuerte poder de atracción sobre mí. Desconocía quién era el autor de aquellos trabajos tan sugerentes. Más tarde supe que se trataba de Daniel Gil. Un creativo que concebía magistralmente  los conceptos y los visualizaba de igual forma. Creo que sus portadas lo tienen todo. El momento en el que tomé contacto con aquellas piezas ignoraba cómo era el proceso de ejecución de tan brillantes diseños. Integrar fotografías o ilustraciones con tipografías perfectamente compuestas y equilibradas, tenían como resultado un producto totalmente innovador que se distinguía rápidamente del resto de libro. Hoy es muy fácil con la tecnología existente resolver problemas de retoque e integración de imágenes pero, por entonces, había que ser multidisciplinar y saber  desenvolverse en diferentes áreas tales como la fotografía, la ilustración o el dominio de las tipografías, para ejecutar un trabajo con la brillantez que lo hizo él. Estos aspectos siguen constituyendo hoy auténticos retos para los diseñadores.

Estas portadas tienen sus años, aunque para mí son atemporales. La que he elegido como ejemplo es muy sutil y evocadora. El concepto sigue siendo maravilloso porque no envejece. A quienes empiecen en este mundo y deseen aprender, les recomiendo que se acerquen a sus trabajos. También lo pongo como ejemplo a comerciales y ejecutivos de marketing, aunque les produzca alergia, con la simple idea de que asimilen didácticamente cómo el estudio de un producto desde que nace, se produce y se lanza al mercado, tiene como resultado final una brillante presentación.

Fuente: Alianzaeditorial.es

Toscani. El publicitario que no cree en la publicidad.

 
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Oliverio Toscani es suficientemente conocido por sus polémicas campañas. No es nada nuevo. Me parece interesante la reflexión que hace en su libro “Adiós a la publicidad” acerca de quienes no son protagonistas de los mensajes publicitarios: […] “Encuentre en la publicidad actual pobres, inmigrantes, accidentados, revoltosos, contrahechos, enanos, inquietos, gordos, melancólicos, escépticos, desempleados, drogadictos, conductores que aguantan embotellamientos, enfermos, países del cuarto mundo, locos, artistas atormentados, grandes problemas sociales, una crisis, desastres ecológicos […] Se han sustituido por Claudia Schiffer, la modelo muda mucho mejor pagada que todas las actrices de la historia del cine”.

Su primera campaña para los tejanos Jesús: “Quien me ama me sigue”, provocó un serio conflicto con la Iglesia. Pero detrás de estos conceptos atrevidos y escandalosos hay clientes que propician una creatividad que rompa con lo establecido. Hasta el punto de herir sensibilidades. Luciano Benetton fue explícito: “No debes escuchar al marketing, debes escuchar tu talento”, le dijo.

El debate sobre los mensajes publicitarios sigue estando abierto. ¿Emoción y persuasión tienen sus días contados? ¿La transgresión será la norma habitual? Un hecho relevante es que las ásperas campañas de Benetton no se han vuelto contra el anunciante. Producen rechazo pero venden.

Fuente: “Adiós a la publicidad”. Oliverio Toscani

Unos tipos originales.

La Avant Garde es una tipografía muy sugerente. Exclusiva. Diseñada por alguien que fue más lejos. Vio donde otros solo miraban. De la misma forma que los copys  hacen malabarismos con las palabras para llamar la atención hacia los textos: “Si no tiene experiencia con tarjetas, tenga la tarjeta con más experiencia”, también hubo un diseñador para el que los tipos no tenían secreto alguno. Y hacía juegos malabares con las letras. Ese era Herb Lubalin. Director de arte, tipógrafo y diseñador. Composiciones rigurosas y soluciones elegantes . Un tandem que siempre acompañó a todos sus trabajos. Su visión de cada uno de los elementos por separado y  su integración en el conjunto tenían como resultado una gráfica excepcional. Marcas, portadas, anuncios…etc.  fueron personalizadas con su particular visión del mensaje y con su mano. Estamos hablando de una etapa en la que no existía el Mac. El concepto diseño, tal y como lo entendemos ahora, no estaba implantado. Todo se dibujaba. Tinta china, pincel o tiralíneas  paralex y papel.

Acercarse a los trabajos de Lubalin es muy didáctico. Las composiciones tipográficas están muy logradas. Las separaciones entre letras y el equilibrio entre los elementos son excelentes. Hoy, la rapidez que te impone el trabajo, y teniendo una herramienta como el Mac, deja en un segundo plano estas consideraciones. A veces no se cuida el interletraje y en muchos casos tampoco el interlineado como es debido. Se prescinde de ellos por considerarse superfluos. Mirar al pasado tiene un lado positivo: aprender de quienes tienen algo que aportar.   Lubalin dejó  un gran legado de obras de las que podemos nutrirnos muchísimo.  Desde  luego, se aprende de él y de otros muchos que canalizaron sus conocimientos artísticos hacia el diseño gráfico. La Avant Garde y Lubalin desde luego son tipos originales.

Fuente: Index book